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Bayona se enfrenta a la infancia: Un monstruo viene a verme

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El director catalán vuelve cuatro años después de Lo imposible con un relato en el que la niñez y lo adulto se confrontan al puro estilo Spielberg. Un monstruo viene a verme está basada en la novela homónima de Patrick Ness, que también firma el guion de la cinta. Lo mejor y lo peor de Bayona se intensifican en este, su tercer largometraje, producido de nuevo por Belén Atienza, de Apaches Entertainment.

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La película está cargada de melodrama, sobre todo en su tercio final, marca de la casa del director, que ya hiciera lo mismo en sus dos films anteriores. De modo que a quienes guste un drama directo, sobrecargado y efectivo, pueden prepararse para el torrente de lágrimas. Técnicamente la narración es más orgánica, la fotografía de Óscar Saura, acorde a la historia, es menos oscura que en El orfanato y más gris que en Lo imposible. Y no es poco mérito reconocer esto, teniendo en cuenta el enorme trabajo realizado a este respecto en las escenas de efectos especiales con el monstruo y el trabajo del estudio Headless en las escenas de animación.

La dirección de actores es clave en las películas de Bayona

Lewis Macdougall es el protagonista absoluto, presente en todas las escenas, es sobre quien recae el mayor peso actoral de la historia, saliendo muy bien parado de la situación. Ya acostumbrados a que Bayona se rodee de un gran elenco en sus películas, en esta acompañan también Felicity Jones, Liam Neeson o Sigourney Weaver. El director demuestra una vez más que dirigir actores es una de sus máximas cualidades, logrando de nuevo otra proeza en el trabajo con los más jóvenes. Otro punto más en el que se disputa, junto a Shyamalan, el puesto de herederos legítimos de Spielberg. Weaver protagoniza además, junto a Macdougall, dos de las secuencias más memorables de la cinta. Y es que, aunque pueda padecer de un final manido, en la película destacan varios momentos puramente actorales, en que, tanto a nivel externo como interno, la fantasía se aparca momentáneamente para aumentar la intimidad y donde destaca lo que no se dice, pero todo espectador es capaz de vez.

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La música vuelve a correr a cargo de Fernando Velázquez, colaborador habitual del director, al que hemos podido oír este mismo año también en Gernika. Velázquez realiza aquí una banda sonora perfecta para el acompañamiento de las escenas, sin grandes leitmotivs para tararear al salir de la sala, pero imprescindible para completar todo el drama del momento.

Estamos ante un cuento que se mueve de lo infantil a lo adulto, que pretende enseñar que casi nada es sólo blanco o negro. Una metáfora más que adecuada para lo que de momento está siendo el cine de Bayona. Apostando más y más en cada proyecto, dándole al público la dosis necesaria de lo que ya conoce, pero rompiendo algunas convenciones para evitar que se acomode demasiado.

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Escribo, dirijo, grabo, hago fotos, en general, creo cosas. Pero sobre todo: miro, escucho y leo. Fotoperiodista, editor, pesado del cine para los amigos y antropólogo musical.

1 COMMENT
  • Maki del Políngano 17 octubre, 2016

    Yo creo que ya, a estas alturas, leer “Bayona” es sinónimo de “Marca Registrada”. Esto es, ya sabes lo que te vas a encontrar. Ha encontrado un campo en el que se mueve como pez en el agua, y del que no va a salir para disfrute de sus seguidores (entre los que me incluyo)

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