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10 cosas que nos creíamos cuando éramos pequeños

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Cuando somos niños todos estamos deseando crecer para poder hacer las cosas que hacen los mayores; salir de fiesta, hacer la compra, conducir, vivir solo, utilizar tacones (en el caso de las chicas)… Pero lo cierto es que cuando crecemos nos damos cuenta de todas las pequeñas cosas que hacen falta para que un niño sea feliz. Es increíble como algo tan grande como la felicidad se puede construir a base de inocencia e ilusión. Ahora decidme, ¿cuántos de vosotros no desearíais volver a ser pequeños?

Pues bien, rememorando un poco lo que hacíamos en nuestra niñez se me vinieron a la cabeza varias cosas absurdas (y graciosas) que todos nos creíamos. Ahí van:

El coco

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El señor Coco era para nosotros “la persona” más mala del mundo. El mayor miedo de nuestra infancia era toparnos con este ser en algún momento. Dudo que exista en el mundo padre o hermano/a mayor que no haya utilizado la palabra “coco” para aterrorizarnos. Un claro ejemplo de ello era: “como no te lo comas todo va a venir el coco y te va a llevar”. ¡¡¡¡¡PELOS DE PUNTA!!!!!

La cigüeña

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La pregunta más comprometida para un padre posiblemente sea: “Papi, mami, ¿cómo se tienen los bebés?”. Pues no sabemos ni quién, ni cómo, ni cuándo se inventó que la cigüeña trae a los niños, pero lo cierto es que durante décadas ha sido (y sigue siendo) el salvamento de muchos papás. Este es uno de los casos en los que se demuestra la inocencia de un niño, ¿cómo alguien se iba a creer que una cigüeña puede transportar a un niño? ¡¡Bendita niñez!!

La sábana protectora

esconderse bajo la sabana

Quien no haya creído que debajo de las sábanas estabas a salvo de cualquier cosa no ha tenido infancia. Ya sea porque pensabas que había un monstruo debajo de la cama, porque te perseguía tu madre con la zapatilla o porque habías visto algo en la tele que te daba pánico, pero cuando te cubrías con la sábana ese miedo desaparecía por completo. Para nosotros era como el escudo de los caballeros o como el caparazón de una tortuga, ahí debajo no había nada ni nadie que pudiera atacarte, eras invencible.

El hoyo mágico

cavar hoyo

Muchos de nosotros en alguna de esas reflexiones tan raras que hacíamos cuando nadie quería salir a jugar o no daban nada divertido en la tele pensábamos que si cavábamos un hoyo en la tierra muy profundo podríamos llegar a la otra parte del mundo sin necesidad de coger un avión o un autobús. Además no creáis que pensábamos que tendríamos que estar cavando meses y meses, no. A nuestro parecer con cavar unas horas bastaba para llegar al destino previsto.

La semillita

semilla embarazo

La otra excusa perfecta para los padres es que “papá le da una semillita a mamá y así naciste tú”. Hasta ahí bien, lo malo viene cuando nosotros, que éramos tan ingeniosos, preguntábamos que qué hacía mamá con la semillita después…

El ratoncito Pérez

ratoncito perez

El hecho de que se nos cayese un diente era lo peor y lo mejor que nos podía pasar. Por una parte no queríamos que llegase el momento porque sabíamos (por experiencia) que dolía un poquito. Además, nos daba vergüenza ir al cole desdentados. Pero…cuando llegaba el momento nos tranquilizábamos pensando que esa misma noche el ratoncito Pérez nos haría una visita para llevarse nuestro diente y dejarnos un regalo a cambio. ¿Quién no se creía que el ratón vivía en un palacio hecho por los dientes de todos los niños del mundo? Qué inocentes…

Juguetes con vida

toy story

Esto es culpa de “Toy Story”. Desde que la vimos por primera vez todo cambió. Esa película que se convirtió en la favorita de muchos niños hizo que pensáramos que nuestros juguetes cobraban vida por la noche. De hecho, a veces llegaba a dar incluso miedo pensar en ello.

La tele transporta

tele transportadora

Esto sí que es un mito. Todos hemos pensado alguna vez que si atravesábamos la tele nos íbamos a transportar a la película, serie o programa que estábamos viendo. A más de uno se nos ocurrió la brillante idea de romper la pantalla para probarlo, pero también pensábamos en la bronca que nos iba a echar “mamá” después y se nos quitaban todas las ganas. Normal…

El chicle pegado al estómago

comer chicle

La única excusa que tenían para evitar que nos tragásemos los chicles era decir que si lo hacíamos se nos quedaban pegados al estómago. Lo cierto es que teníamos especial cuidado porque las palabras amenazadoras de nuestros familiares las teníamos más que aprendidas y nos daba mucho miedo que se nos quedasen pegados de verdad. Por eso, cuando accidentalmente nos tragábamos uno nos entraba mucha angustia e íbamos corriendo a contárselo a nuestros padres, no vaya a ser…

Los Reyes Magos

reyes magos

No puedo acabar este post sin nombrar a Los Reyes Magos. Nuestra infancia personificada en tres. ¿Quién no debatía en los recreos con sus compañeros quién era el mejor Rey Mago? Todos teníamos un favorito, Melchor, Gaspar o Baltasar. El pobre Gaspar solía ser el que menos “fans” tenía y seguramente ninguno de nosotros sabríamos explicar por qué. La noche del 5 de enero era nuestra preferida. Nos pasábamos el año entero pensando que escribir en la carta de Los Reyes Magos y, cuando por fin llegaba el día y veíamos que no nos habían traído todo lo que pedimos nos enfadábamos un poquito con ellos. Claro que luego, cuando nos enteramos de que eran los padres, las quejas se las comían ellos…

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