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Saray Ramírez «Tanto “La nave púrpura” como el resto de mis trabajos salen disparados del pecho»

Tu vida se ha desarrollado entre música y literatura en los que te formaste musicalmente en la Escuela Insular de Música de Fuerteventura y en literatura leyendo a grandes autores como Stephen King, Kafka o Antonio Machado. ¿Qué te aportaban ambas disciplinas por aquel entonces?

Podría decirse que durante aquella época me aferraba a cualquier actividad artística que estuviera a mi alcance. Quizá la literatura y la música han sido las más frecuentes en mi historia porque tener público no era un requisito indispensable.

Luego, no sé si por fortuna o por desgracia, cambié de parecer. Aun así, el arte, en términos generales, siempre ha sido un gran aliado para mí; me ha ayudado en infinitas formas, especialmente a encontrar mi sitio en el mundo.

Te conocimos gracias a Operación Triunfo, a raíz del cual publicas tu álbum “Into my soul”. En esta etapa de intensidad laboral, ¿cómo fue tu experiencia durante y tras salir de la Academia?

Yo siempre digo que, con independencia a si mis objetivos de entonces se cumplieron o no, aquel fue, sin duda, un paso imprescindible en mi vida.

Me ayudó a comprender que la industria era una cosa y la necesidad de expresión otra. Quizá mi trayectoria como cantante haya estado repleta de agridulces emociones pero decidí hace algún tiempo comprender ese (y otros de mis muchos errores) como un aprendizaje moral. Tanto OT como “Into my soul” fueron proyectos de enorme importancia en mi vida y, por supuesto, formarán parte de mí para siempre.

Comienzas a escribir tus propias reflexiones en la adolescencia donde hablabas del amor y la naturaleza humana. ¿Qué era lo que trasmitían esos versos? ¿De qué te liberaban?

Nunca he sido una persona demasiado sociable en el sentido de que me cuesta bastante establecer vínculos con los demás, y, bueno, esos escritos eran más bien un compendio de frustraciones que en realidad pretendían ser una válvula de escape a mundos más amables. Supongo que con el tiempo pasé del negro a una gama de colores un poco más amplia pero lo cierto es que eso me sirvió de entrenamiento para intentar comprender algunos conceptos que incluso hoy en día, en mi etapa adulta, suponen una contradicción tras otra.

En 2019 publicas tu primer libro “El escudo de Hugo”, una historia de terror con un estilo algo oscuro y sobrenatural. ¿Cómo surge esta historia y en qué momento de tu vida se desarrolla?

Curiosamente este no fue mi primer libro aunque sí lo compartí con el público antes que los demás. El año que dejé la música de forma definitiva decidí iniciarme con una historia, “La sinfonía de Layla”, y este trabajo sí significó un antes y un después, como si el hecho de teclear cada palabra del mismo implicara diseñar una linde necesaria entre lo que consideraba mi antiguo yo y el yo presente.

Con una inspiración envidiable escribes la trilogía “In-terror-dumbre” que se hace constar de relatos de lo más random. En este encontramos historias paranormales, monstruosas, terroríficas y otras que te mantienen en tensión mientras pasas las páginas de este pack. ¿Cómo logras encontrar la originalidad? ¿De dónde nacen tantas historias?

Jajaja, bueno, supongo que tiene que ver con mi gusto por los misterios. Desde una edad muy temprana me sentí atraída por esas historias que uno no termina de comprender, a pesar de que la ciencia (o la cabezonería de alguien escéptico, como es mi caso) se apliquen para tratar de buscarles una explicación. Siento que la culpa de esto la tienen esos magos del cine de terror; o los relatos del siglo XIX, de los que me enamoré sin remedio.

La nave púrpura

Poco después se publica tu libro “La sinfonía de Layla”, una novela en la que los personajes se enfrentan a sus pasiones y miedos envueltos en una trama sobrenatural. ¿Cuál es el mensaje vital de estos personajes?

Creo que el mensaje principal es la libertad. Como te decía antes, cuando lo escribí me hallaba en una época de gran presión emocional y necesitaba huir, aunque fuera mentalmente. Supongo que de forma inconsciente me quité algunas astillas clavadas durante el camino; casi como si se hubiera producido una catarsis. Y en el proceso, mi sentido de la creatividad no estaba obligado a pasar ningún filtro, no tenía que encajar de ninguna forma específica en un perfil o buscar lo que otros quisieran como resultado, sino que podía hacer lo que me viniera en gana sin temor a equivocarme. Fue ahí cuando decidí que era así como quería sentirme.

Estás a punto de publicar tu nueva novela que llevará por título “La nave púrpura” y se presenta como la continuación de “La sinfonía de Layla”. ¿Qué nos vamos a encontrar en esta historia? ¿Cuáles son tus sensaciones en este nuevo estreno?

Al principio no tenía intención de continuar la historia, fundamentalmente porque mi idea era dejar que los lectores tuvieran su propia conclusión. Sin embargo, al acabar “La sinfonía de Layla” comprendí que la trama merecía un mayor desarrollo y, como al escribir la primera parte me había sentido tan bien, finalmente me puse manos a la obra.

Estoy en una etapa de bastante trabajo y, por primera vez en mucho tiempo, siento que ello no es una carga, sino un modo agradable de estar ocupada. Tanto “La nave púrpura” como el resto de mis trabajos salen disparados del pecho, y eso, en definitiva, es lo único que importa cuando se trata de practicar una disciplina artística, ¿no es así?

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Cristina Troule es una aficionada a la escritura vinculada durante muchos años a la música. Sus publicaciones denotan debilidad por los artistas emergentes y un análisis práctico que aplaude el trabajo realizado detrás de cada canción. En sus artículos encontraremos sus propuestas con una opinión personal que te conducirá a un viaje musical inesperado.

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