6 juegos de la infancia que recordarás
Hoy viajamos al pasado de la forma más nostálgica que se nos ocurre y hablamos de aquellos juegos con los que lo pasábamos bomba y nos hacían parecer mafiosos en el patio del colegio.

Los tazos
¿Quién no se acuerda de los tazos? Esos con los que jugábamos hasta hacer boquetes en el suelo de tan fuerte que los tirábamos para conseguir ese que tanto deseábamos. Y ahí estaban tus amigos haciendo corro y coro mientras decían: “¡UYYY! ¡TOMAA!”
Las canicas
¿Y las canicas? Que cada vez que ibas al colegio con una súper chula te retaban a jugar. Y ahí estábamos los dos mirándonos desafiante mientras nuestros colegas hacían los agujeros en el barro para comenzar la partida.
La peonza
¡Qué pasada la peonza! Y las competiciones para ver cuál duraba más rodando. Enrollar y lanzar. Pero qué mala pata cuando la lanzabas tan fuerte que la punta se metía para adentro y te quedabas sin peonza. Aunque era la excusa perfecta para que tu madre te comprara una mejor y más moderna. Al día siguiente volverías a ser el rey del patio.
El yoyó
Siempre me ha sorprendido el yoyó. Sobre todo los que hacían luz cuando iban de abajo hacia arriba. Te hipnotizaban con esa forma de bajar, quedarse un segundo en el aire y subir como si nada. ¡Y ya ni os cuento los que conseguían hacer malabarismos con ellos!
¡Eso sí que era brujería!
Tamagotchi
Nuestro querido tamagotchi. Ese que era como un bebé que nos avisaba de madrugada porque había que darle de comer y tú lo único que querías era tirar el maldito aparato por la ventana. Ahora echo de menos ese aparatillo donde tenían que cuidar a un punto negro en una pantalla, aunque confieso que a mí no me duraban mucho…

Muelle
Y esos muelles elásticos de colores que te comprabas de los míticos veinte duros y los ponías en las escaleras para que bajaran como si el muelle hubiera decidido suicidarse hasta que el muelle se hacía un lío y no podías enredarlo. Pero al final siempre caía uno nuevo para que pudieras romperlo a gusto otra vez.
Hoy en día me compraría uno de cada para volver a experimentar aquellos años de recreo con los compañeros de clase, con aquellos que te ibas al parque para demostrar tu poderoso talento con cada uno de estos juego, para que el tamagotchi me volviera a dar el coñazo de madrugada o simplemente para mirar a mi madre desde arriba mientras me daba dinero para ir a los veinte duros y cargar con lo que fuera. Para volver a sentir las ganas de ir al colegio para enseñar lo que me había comprado. Para volver a la infancia aunque solo fuera por un día.



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